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Libertad Condicionada

En una ocasión, hablaba con una persona muy sabia sobre estas cosas y le pedí que me hablara sobre la libertad.

Más o menos, ésta fue su respuesta:

“David, pensemos en el juego del ajedrez. En este juego, hay un tablero que es el que es y no se puede modificar, hay unas fichas que son las que son y no se pueden modificar, hay unas reglas que son las que son y, adivina qué, no se pueden modificar. Además, ocurre que hay un adversario que también quiere ganar la partida y que hará lo imposible por hacerlo y, por último, hay un juez que velará porque todo trascurra como debe trascurrir. A partir de ahí, eres libre de jugar la partida que quieras, dentro de tus capacidades.”

Vemos entonces, que efectivamente somos libres, dentro de una LIBERTAD CONDICIONADA. Las leyes de la naturaleza, aspectos socioeconómicos, el clima, etc. imponen ciertos condicionantes, los cuales, son insalvables (yo no puedo mover un árbol de 300kg., debo competir por el mismo puesto de trabajo, la misma pareja, etc.). Pero por muy bien preparado que uno esté, nunca debemos olvidar que hay un contrincante.

Y esto tiene una primera implicación:

“EL RESULTADO NO NOS PERTENECE”

Pensemos en el ejemplo del ajedrez, el contrincante representa todo el mundo exterior, todo aquello que queda fuera de nuestro ámbito de poder. Por muy bien que yo haga las cosas, pueden darse las circunstancias necesarias para que mis actos, no se tengan los resultados esperados y sin que ello signifique, que mis actos no eran los adecuados. Pero puede ocurrir justo todo lo contrario, se puede dar la circunstancia de que, en ocasiones en las que no lo tenía todo a mi favor o que no he puesto tanto empeño en algo, de repente y sin saber por qué, me encuentro con que el resultado supera con creces mis expectativas.

¿Qué hacemos entonces?

En primer lugar, debemos aceptar que el resultado no nos pertenece sin que ello signifique que no debemos esforzarnos. Tú haz lo que tienes que hacer porque además ese “lo que tienes que hacer” es lo que le da sentido a la vida. Por lo tanto, por el mero hecho de estar haciéndolo, ya estarás en el camino correcto.

En segundo lugar, desprendámonos del resultado, qué más da el resultado, si ya estás recorriendo el camino que quieres recorrer.

Vamos a ilustrar lo dicho hasta aquí con un ejemplo:

Hace unas semanas di mi última conferencia, ¿crees que me importaba cuántas personas iba a haber? Yo ya vivo mi GRAN SUEÑO, hice mi trabajo, me preparé… el resultado ya no me importa porque ya tengo el que quiero, por otro lado, podía haber partido de champions, brote de gripe, atasco… o la intervención de un “juez que observa mi jugada” y que, de pronto, considera que no es por ahí o que considera que sí es por ahí y frente a eso, yo qué puedo hacer.

Lo cierto es que la sala se llenó, pero no me hizo sentir mejor que cuando la sala estaba vacía, terminé con la misma sensación de haber hecho un buen trabajo y de estar haciendo de mi vida una historia digna de ser contada.

La realidad es que somos libres y que debemos ejercer esa libertad con responsabilidad, con alegría y sin ningún miedo.

Solo debemos tener presente que hay cosas sobre las que podemos influir, cosas que están en nuestro ámbito de actuación y cosas que no lo están. Desde esa libertad y responsabilidad de la que hablaba, debemos afrontar la vida haciéndonos cargo de lo que sí depende de nosotros, aceptando lo que no depende de nosotros y libres de toda expectativa hacia el resultado.

Quiero insistir: si hacemos lo que tenemos que hacer, estaremos haciendo que la posibilidad de que el resultado sea el que necesitamos, desde un punto de vista operativo, aumente. Pero no será sinónimo de que vaya a ocurrir, tal y como lo esperamos, y será independiente de nuestro sentido de la vida.

El foco atencional

La atención es el proceso psicológico básico a través del cual nos orientamos hacia un estímulo (interno o externo) poniendo nuestros recursos a disposición del procesamiento de la información que este estímulo genera. Por lo tanto, donde pongamos nuestra atención, estará nuestro potencial.

De entrada, aquello que no atendemos, no existe para nuestra mente. Aquí tenemos la primera clave, “somos constructores de nuestra realidad” toda vez que, esta realidad está definida, en primer lugar, por aquellos aspectos de la REALIDAD a los que nosotros atendemos. Una vez hemos atendido algo, desatendiendo lo demás, ese estímulo será procesado en función de “nuestra propia mirada de las cosas”. En la medida en que esa mirada sea lo más objetiva posible, nuestras percepciones y juicios estarán más cercanos a la VERDAD de las cosas y no a una REALIDAD SUBJETIVA y errónea.

La mente es solo un conjunto de programas de procesamiento de la información con capacidad para responder. Pero debemos tener presente que este software es poderosísimo. Este poder reside en la capacidad que tenemos para imaginar, crear, resolver problemas, planificar, etc. pues bien, todo este potencial está siempre focalizado en el contenido de nuestro foco atencional.

La frase “crear tu realidad”, se refiere, fundamentalmente es dirigir nuestro foco atencional, de una manera consciente, hacia donde nosotros queramos. Dado que cada cual prestará atención a unos ámbitos de la realidad concretos y la información que reciba será sometida a sus propios “a priori” como lo definiría E. Kant, entendiendo por esto, por simplificarlo mucho, nuestra subjetividad, cada cual hará una construcción subjetiva de la realidad. Pero tenemos el poder de crear nuestra realidad y hacerla lo más objetiva posible y lo más “útil” posible, si elegimos bien dónde ponemos nuestra atención.

Tengo que decirte que si por “crea tu realidad” esperabas que te dijera que tenemos el poder de influir sobre el universo o de modificar sus leyes, tal cosa no va a suceder. Crear tu realidad significa que uses tu voluntad para ubicar tu foco atencional donde corresponda y tu discernimiento y todo el potencial cognoscitivo del que dispones para que tu construcción (interior) del mundo sea, siempre objetiva, y luego la que te ayude a resolver tu gran reto: HACER DE TU VIDA UNA HISTORIA DIGNA DE SER CONTADA.

«El sentido de la Vida»

Viktor Frankl, en su libro “El hombre en busca de sentido” y en su posterior desarrollo de la llamada “logoterapia”, habla de la necesidad de que todo ser humano encuentre el sentido de la vida, esa razón que nos permita levantarnos cada día y vivir con un motivo que justifique la vida, nuestro rumbo. Ese sentido, es indudablemente individual y cada cual debe encontrar el suyo. Habla también de la neurosis noótica como la principal causa de trastornos e infelicidad. La neurosis noótica, no es ni más ni menos, por decirlo en términos coloquiales, la sensación de estar perdidos, de no saber qué hacer con nuestra vida. Eso es lo que causan los sentimientos de tristeza, apatía, desilusión, incluso depresión y otras somatizaciones.

Desde un punto de vista ontológico, es decir, del análisis o conocimiento del ser, ese sentido de la vida podríamos considerar que nos es dado. No forma parte del ámbito de las decisiones que podamos tomar. Ya sea porque son innatas (genéticas), ya sea porque son aprendidas en la primera infancia, ya sea porque tengan que ver con un designio de orden espiritual. Lo cierto es que, en el momento actual de nuestra vida, no tenemos capacidad de transformar ese sentido. Por lo tanto, en la medida en que aceptemos que esto es así y averigüemos en qué consiste para cada uno de nosotros y nos pongamos manos a la obra para alcanzarlo, calmaremos esa inquietud que nos aborda cuando vivimos alejados de nuestro camino.

Si te parece, vamos a establecer una identificación entre este concepto y el GRAN SUEÑO, de tal manera que podamos afirmar que, en la medida en que encontremos ese sentido de la vida y avancemos por ésta desde este camino, podremos alcanzar ese GRAN SUEÑO y viceversa, en la medida en que cumpla mi GRAN SUEÑO, estaré dándole sentido a mi vida.

Lo importante es que tengamos claro, que, en este sentido, el GRAN SUEÑO, no es un destino, es el camino que debemos recorrer. Tiene que ver con nuestra posición frente a la vida, a qué dedicamos nuestro foco atencional, para qué hacemos las cosas que hacemos, con quién compartimos el tiempo, proyectos y un largo etcétera.

Para terminar esta entrada, quiero que hagamos juntos la siguiente reflexión: si vivo la vida en función de los designios de mi GRAN SUEÑO, en realidad, qué más me da el resultado de mis acciones. Quiero decir que, una vez que la vida ha cobrado sentido porque estoy viviéndola como quiero vivirla, nos desprendemos del resultado.

Lo ilustro con un ejemplo:

Imaginemos que mi GRAN SUEÑO es vivir la vida con una actitud de servicio que permita a los que me rodean crecer y ser más felices. Para ello, decido que quiero ser bombero, lo cual me permitirá vivir al servicio de la Sociedad, al tiempo que, la cantidad de horas libres (bien merecidas) entre turno y turno, me permitirán participar de actividades de ayuda, etc. Bien, supongamos que en ese estado de cosas, decido montar un negocio, empiezo una relación o cualquier otro proyecto y éste fracasa. La pregunta que yo me hago es, una vez que ya vivo la vida que quiero vivir, ayudo a los demás, ese fracaso, ¿afectará a mi Gran Sueño?

El GRAN SUEÑO, como indicábamos, debe guiar nuestra vida. Y claro que debemos tener presente la dimensión más “terrenal” (material), por lo tanto, deberemos tener una profesión, quién sabe si emprender, llevar una vida con unos objetivos, etc. Puede ocurrir que, en este plano, no consigamos lo que nos proponemos (nuestro negocio no funcione, no encuentre mi trabajo ideal, no tenga la casa de mis sueños, o la pareja que necesito) pero, dado que estoy viviendo la vida que quiero vivir, esto se convierte en accesorio. Si entendemos que este plano, normalmente controlado por la mente, es operativo y que debe estar al servicio del corazón, lugar en el que reside el GRAN SUEÑO, entenderemos que, el resultado no es importante. Claro que necesitamos los medios para vivir, pero estos medios, son solo eso, medios al servicio de nuestro propósito. En caso de que fallen, siempre podremos seguir viviendo la Vida según nuestro Gran Sueño, mientras volvemos a buscar los medios, nuestro sentido de la vida seguirá intacto.

Corazón y mente

Existe mucha confusión respecto a estos dos conceptos y mucha más sobre la manera en que ambas deben relacionarse.

Se ha impuesto una visión según la cual en el corazón residen las emociones y la cabeza (mente) es la juiciosa que tiene que andar guiando, protegiendo y rescatando al corazón pues con cada decisión que tomamos desde en la que dejamos que las emociones intervengan, “metemos la pata”.

Pues bien, ocurre justo lo contrario. Para empezar, las emociones no residen en el corazón sino que residen en la mente. Tampoco es cierto que las emociones sean “malas consejeras”. Lo que ocurre es que las emociones son difíciles de controlar y eso hace que no siempre actuemos de la manera más deseable, por otro lado, cabría preguntarse “deseable” para quién y con qué criterio. Pero empecemos por el corazón.

En el corazón reside la esencia de lo que somos, nuestros anhelos más profundos, el conocimiento real de lo absoluto y por lo tanto nuestro sueño. Desde un punto de vista espiritual, es el receptáculo del alma y por lo tanto el lugar desde el que se produce la encarnación de ese ser que somos antes de nacer. El corazón alberga también la inocencia, lo más puro de la propia existencia y es el punto de encuentro entre lo humano y lo divino. Entre sus capacidades está la intuición, el recuerdo, etc. Es en el corazón donde reside el sentido de la vida desde el cual emana el sueño. Por lo tanto, hacer de nuestra vida una historia digna de ser contada, implica vivir desde el corazón, atender sus designios y ponerse a disposición de él.

La mente, en cambio, no es más que un proceso, un complejo y sofisticado sistema de tratamiento de información. Sin embargo, la mente también ha sido maltratada y, en ciertos círculos, hablar de lo mental, es hablar de algo de segunda categoría, lo cual es, por completo un error. Nadie, creo, que criticaría a la digestión o a la respiración, son igual que la mente, dos funciones al servicio de nuestro cuerpo, de nuestra vida. Es cierto, que la mente, por su necesidad de contralarlo todo, también tenderá a controlarnos, en la medida en que no la tengamos entrenada. Pero una mente entrenada, con todo su potencial creativo, de procesamiento de la información, de categorización, etc. y puesta a disposición de un corazón puro, dará como resultado una existencia en plenitud, paz, armonía y disposición, una persona que usará sus talentos y los pondrá al servicio de una vida en plenitud.

Por lo tanto, el gran éxito desde un punto de vista de la evolución como ser humano, es que nuestra vida esté guiada por el corazón y nuestra conducta por la mente, debiendo estar la conducta (mente) sometida a los designios del corazón. Es decir, la mente se debe de encargar de que nuestra conducta esté dirigida al cumplimiento de los designios del corazón.  A estos designios, los vamos a llamar sueños.

De esta manera, si vivimos desde el corazón, en el camino marcado por nuestro sueño, qué más da el resultado. Ya estoy recorriendo el camino que quiero recorrer. Al corazón no le importa el resultado porque el único que le importa, en este sentido, es vivir en consonancia con nuestra esencia, y eso ya lo ha conseguido. Es a la mente a la que le debe importar el resultado, desde un punto de vista operativo, ya que es la encargada de proveer recursos, resolver problemas, etc. Por eso es necesario prepararse al máximo en las 4 áreas de las que hablábamos antes, para poder ponerlo todo al servicio del corazón, pero insisto, si vives desde el corazón, si estás recorriendo la senda de la vida con tu GRAN SUEÑO como guía, los fracasos no importan, son solo obstáculos que debemos resolver. Desde esta óptica, el error es una consecuencia natural de la Libertad y el fracaso deja de tener importancia. El error se convierte en un factor de corrección que nos da la posibilidad de reparar el daño causado, de volver a elegir el camino, los medios, de pedir perdón y de aceptar, una vez más que el resultado no nos pertenece.

Si a esto le añadimos una mirada autocompasiva entenderemos que todo está bien, personalmente no creo esa afirmación que dice que hicimos lo que hicimos porque no supimos hacerlo mejor. Yo creo que siempre podemos hacerlo mejor, si actuamos desde el corazón, elegiremos la mejor opción, si ponemos los medios necesarios, será suficiente porque, repito, ya no importará el resultado, importará que de corazón hicimos lo único que podíamos haber hecho. Piensa en algo, que has hecho alguna vez de corazón y que no salió como esperabas. ¿No tienes una sensación de paz, a pesar del fracaso?

Desde un punto de vista (mental) operativo, claro que podemos mejorar y debemos hacerlo, pero desde el punto de vista del corazón, lo único que podemos mejorar es nuestra capacidad para atenderle (sigue siendo operativo/mental) porque él ya sabe. Por lo tanto, desde esta mirada autocompasiva, a la que me refería, nos veremos libres de toda culpa, merecedores de todo nuestro amor con indiferencia de nuestros logros, libres del yugo del resultado, indiferentes a la autocrítica y a la crítica de otros, pero impelidos a ser nuestra mejor versión.

Haz de tu vida una historia digna de ser contada

«Hazlo desde el corazón»

Hace tiempo que incorporé esta frase a mi vida, en mi trabajo, en mis conferencias, casi como un mantra y me permito compartirla contigo no sin confesarte que lo hago con cierta satisfacción ya que encierra, lo que yo considero que es el núcleo central de mi sentir y de mi pensamiento y como quien comparte un hermoso e íntimo regalo, la pongo a tu disposición con toda mi ilusión.

¿Qué quiero decir cuando te animo a hacer de tu vida una historia digna de ser contada?

En primer lugar quiero aclarar una cosa, hacer de tu vida una historia digna de ser contada, no significa que tengas que ser el nuevo Napoleón, ni que esa historia tenga que ser conocida y aplaudida por las masas. Significa que debe ser digna de ser contada para que tú mismo la escuches y te sientas orgulloso de ella. Aparentemente, ninguno de nosotros somos hacedores de grandes gestas dignas de relatar en libros de los libros de historia, pero, en realidad, todos somos héroes anónimos, héroes sin capa, si me permites la expresión. Todos hemos hecho y hacemos, a diario, actos de gran heroicidad, nos levantamos a horas intempestivas, somos capaces de trabajar por nuestras familias, los que tenéis hijos, lucháis por sacarlos adelante y por ellos aguantáis circunstancias que, de otra manera, jamás aguantaríais. Nos caemos y volvemos a levantarnos, enfermamos y enfrentamos la enfermedad… ¿Acaso todo eso, no son actos que denotan una gran heroicidad?

Quiero que pienses lo siguiente, todos estos actos deben servirte para demostrarte que puedes, todos podemos. Ten la certeza de que podemos porque tenemos el poder y porque ya lo has hecho otras veces. Cada vez que te enfrentes a un proyecto, recuerda que ya eres un héroe, que ya has vencido obstáculos en otros momentos de tu vida. Incorpora esa certeza a tu repertorio de recursos vitales y repite dentro de tu cabeza:

“soy capaz de hacer esto, sé que soy capaz porque una vez me demostré a mí mismo haciendo X que puedo hacer lo que me proponga.”

Piensa lo siguiente, ¿por qué no tenemos la vida que realmente queremos? ¿Qué es lo que nos lo impide? A poco que indaguemos siempre llegaremos a la misma conclusión: LA INACCIÓN.

Esta inacción, una veces estará provocada por el miedo, otras veces por la falta de enfoque, por el exceso de análisis, la falta de inquietudes o el “día a día”.

¿Y si fuéramos capaces de “quitar” el miedo del lugar central que ocupa en nuestras vidas y poner en su lugar, nuestro GRAN SUEÑO? Debemos pensar que no es solo el miedo el que nos frena, quizá nos frena el juicio (a veces inconsciente) de que no podemos hacer nada para cumplir con nuestro sueño, bien porque pensamos que no es realista, bien porque pensamos que no contamos con los medios/capacidades para conseguirlo. Esta evaluación negativa, nos llevaría a la parálisis o incluso al abandono.

Vamos a hacer uso de otra afirmación que una vez leí:

“HAZLO, SI TE DA MIEDO HAZLO CON MIEDO”

Muchas personas de éxito, por no decir todas, afirman que la clave de su éxito, no fue la ausencia de miedo, fue la acción constante a pesar del miedo. Y ahí reside, bajo mi punto de vista, la clave. Que el miedo, el dolor, la alegría, la crisis o cualquier “excusa” que se te pueda ocurrir, sean solo circunstancias que nos acompañan pero no nos frenen en la acción.

Hazlo con miedo, hazlo con pena, hazlo con vergüenza, hazlo con alegría… pero ¡hazlo!

Si hacer de nuestra vida una historia digna de ser contada, significa que vivimos la vida tal cual la queremos vivir, una vez que identificamos nuestro GRAN SUEÑO y nos consagramos a vivir desde él, aquí tenemos la primera idea que debemos tener clara: el GRAN SUEÑO, no es una meta sino un camino. Viktor Frankl habla de “el sentido de la vida” para referirse a este gran sueño y a vivir según él.

Mi propuesta es, entonces, que vivamos la vida desde nuestro GRAN SUEÑO. Es decir, que cada día, hagamos lo que hagamos, estemos dentro de la senda que marca eso que tiene que guiarnos y que le da sentido a la vida. Para ello, lo primero que tenemos que hacer es identificar nuestro GRAN SUEÑO, en segundo lugar, debemos tomar la decisión de cumplirlo y, en tercer lugar, debemos hacer lo que debamos hacer para alcanzar esa vida.

Una vez hayamos alcanzado esa senda, deberemos recorrerla el resto de nuestra vida, siempre con la actitud atenta a los dictados de nuestro corazón ya que, como vamos a ver, es ahí donde reside nuestro GRAN SUEÑO.

Alcanza el éxito, tú puedes

En esta entrada encontrarás una propuesta de acceso al éxito basado en altos valores.

Podemos empezar haciendo un recorrido por el concepto más extendido de éxito y cómo acceder a él.

En la Europa del siglo XXI, vivimos en una sociedad marcada por valores y principios que hunden sus raíces en valores y principios que hemos heredado de la cultura de los Estados Unidos de Norte América. Efectivamente, el lenguaje del éxito, el crecimiento personal, el esfuerzo, el sacrificio, el merecimiento, etc. tienen tintes claramente influenciados por autores estadounidenses y la filosofía de “el sueño americano”.

En gran medida, estos conceptos y principios, se fundamentan en el Protestantismo, no olvidemos que un 60% de la población de EEUU profesa dicha religión. En ella, el sacrificio y el merecimiento tienen un gran peso. En este caldo de cultivo, no es de extrañar que se hayan desarrollado ideas, al tiempo que erróneas, peligrosas, sobre la posición del hombre respecto al éxito, un éxito que estará determinado por Dios, sus leyes y sus designios para alcanzarlo y aunque es cierto que el sustrato teológico se ha perdido, las ideas, aun sin este sustrato, permanecen intactas.

Podríamos expresarlo de la siguiente manera: “con esfuerzo y sacrificio, llegarás a ser alguien de éxito”.

Vamos a analizar esta manera de entender la posibilidad de ser exitoso.

Primero, habría que definir qué es ser exitoso. Por desgracia, ha habido una equiparación entre éxito y poder o riqueza. Acaso una semilla que germina, ¿no es un ser exitoso? ¿Es exitosa una persona que alcanza poder, fama y riqueza y termina sus días en una bañera y el estómago lleno de barbitúricos? Cada cual debe definir lo que supone ser una persona exitosa y huir de las convenciones que, sobre este punto, se han establecido.

Segundo, ¿solo aquellos que hacen grandes sacrificios triunfan? El mundo del deporte nos muestra continuamente ejemplos de personas que se convierten en héroes, personas que dedican sus mejores años, todos sus esfuerzos y energía a entrenar para ser el número uno en su disciplina. Seguramente, para ellos, deba de ser así. Pero, ¿es el único ejemplo que debemos seguir?

Sin duda sin Trabajo no hay logro. Pero, ¿es el trabajo sinónimo de sacrifico, sufrimiento y éxito?

Por un lado, no todo el que hace estos sacrificios llega a ser número uno, o ¿alguien está dispuesto a defender que, un deportista de élite, que nunca alcanzó el número uno, se esforzó mucho menos que el primero? Quizás éste sea el primero, porque junto a su esfuerzo hay un talento que los demás no tienen, talento que exige disciplina y trabajo, claro está. Pero un talento puede marcar la diferencia.

Por otro lado, en la naturaleza ¿existe el concepto sacrificio? ¿El resto de especies (vegetales o animales) se esfuerzan? ¿En qué sentido? Creo que en realidad, el resto de seres vivos, siguen un curso marcado por dejarse llevar en función de tu propia naturaleza. Claro que el ser humano presenta grandes diferencias respecto al resto de seres vivos, pero en su sustrato, rigen los mismos principios y tratar de hacer cosas que van en contra de nuestros talentos naturales o pretender que solo esforzándonos en una dirección que puede incluso ser contraria a nuestra propia naturaleza, podrás alcanzar el éxito es un contrasentido.

Por ejemplo, está muy extendida la idea de que, para triunfar hay que dormir poco, llegando incluso a considerar un mérito levantarse de madrugada, con el consecuente juicio hacia los que no lo hacen. Y si mi biorritmo me exige dormir 8 horas diarias, ¿cuánto tiempo podré mantener en el tiempo ese ritmo o cuál será mi capacidad productiva a última hora de la tarde? La idea de que madrugar es un valor que nos asegura el éxito, es una falacia. Un cuerpo bien atendido y descansado, rendirá mucho más y mejor que uno cansado, por no hablar del factor luz, o de la clásica división entre alondras (diurnos) y búhos (nocturnos).

En tercer lugar, ¿realmente Dios existe para proveer al hombre de recompensas? ¿Qué Dios, Universo en otras tendencias, es ése que planifica una vía de éxito y premia en función de esta vía?

Desde este punto de vista, se nos olvida que nacimos con libre albedrío y en amor y que fruto de ese libre albedrío podemos escoger el camino que queramos y que todos los caminos (dentro de un orden, se entiende) son igual de buenos a sus ojos. Y en virtud de ese amor, nunca nos mereceremos un verdadero castigo.

Por último, hay una tendencia a inmiscuirse en los asuntos del otro. El observador, en muchas ocasiones, dado que ve claro que se está transgrediendo un principio, termina opinando y dictando sentencia, siempre en contra de quien no sigue la vía establecida.

En otro plano, podríamos hablar del concepto de merecimiento y cómo se accede a éste. Desde esta óptica se establece una dialéctica peligrosa, pues parece que solo los que hacen las cosas de una determinada manera, que parece ser la que un Dios castrativo, justo y donante de favores, establece. Esto es en sí mismo dañino pues parece establecer un solo camino de acceso al éxito y a su favor.

Pero vamos a continuar para llegar a un aspecto aún más turbio, si existe un merecimiento, no siempre será en positivo y si existe el éxito, existirá el fracaso. Dicho de otra manera, si existe la recompensa, existe el castigo.

Así es, si no haces lo que tienes que hacer, serás merecedor de un castigo. El verdadero peligro, por encima de cualquier otro, es que ese esquema lo aplicamos con la misma dureza contra nosotros mismos. De eso hablaremos en otra entrada cuando trate el tema de la COMPASIÓN.

Me pregunto, qué sería de nosotros si todo acto debiera ser juzgado como bueno/malo y merecedor de una consecuencia positiva o negativa. Si realmente, la consecuencia natural de no hacer lo que se supone que debemos hacer, es el castigo, si solo reciben amor y atención los que “hacen caso”, ¿cómo es que nuestros padres nos han amado tanto y nos han dado tanto?

Como hijos, seguro que nos habremos desviado del camino marcado, seguro que habremos desobedecido o simplemente errado. ¿Quiere decir eso que nos merecemos ser apartados, que se nos retire el amor y se nos juzgue y castigue? ¿Solo somos capaces de dar amor, de respetar y aceptar al que actúa según una determinada manera de actuar?

Hay una propuesta más hermosa, efectiva y real: el AMOR y sus grandes manifestaciones, TERNURA, COMPASIÓN y PERDÓN.

En esta propuesta, el concepto mismo de éxito se diluye, se relativiza y se democratiza. El acceso al éxito emana de la libertad en la que nacemos y de la libertad por la que elegimos. Alejarnos del camino, salvo actos de maldad libremente elegidos, es solo un error que debe ser corregido y sus consecuencias reparadas.

En esta propuesta, la relación con lo trascendente muta. Ya no somos seres subsidiarios de un favor, ni tenemos el poder de lograr el favor de Dios (locus de control externo). Asumimos nuestra responsabilidad frente a la vida, frente a nuestro destino y frente a las consecuencias de nuestros actos (locus de control interno). Descubrimos nuestro “propio sentido de la vida” a la luz de nuestros talentos de un proyecto global al cual pertenecemos.

Establecer un sistema de contingencias (merecimiento) sin el filtro de la ternura, la compasión y el perdón, supone un error que imposibilita el correcto desarrollo de la libertad, de la independencia, del altruismo, de la espontaneidad, de la autenticidad, del sentido crítico y del propio desarrollo de estas manifestaciones del amor en el individuo.

Sin ternura, sin compasión y sin perdón, no puede haber solidaridad (“estás recogiendo lo que has sembrado”), comprensión (“no puedes pensar o actuar de manera diferente a como dice la ley divina), lealtad (tarde o temprano todos podemos hacer algo que la quebrante), aceptación (tus diferencias se salen del camino) y acogida (“te mereces lo que te está pasando”), al tiempo que establece una casta de autoerigidos como moralmente merecedores y, por ende, superiores, los que hacen las cosas como hay que hacerlas.

Yo abogo por la vía del Amor, del Trabajo, de la disciplina, de la potenciación del talento, la aceptación de las limitaciones y del error como factor de corrección. Bajo esta mirada, el éxito es relativo y es el que cada cual define para sí, las vías de acceso son múltiples y variadas. La disciplina es una actitud frente a la vida y no un yugo que oprime, el talento marca tu verdadero camino y las limitaciones son parte natural de la condición de ser vivo. Por último, el error, nos permite la posibilidad de corregir y reparar al tiempo que es una oportunidad de aprendizaje, sin juicios y sin castigos.

No importa lo que lo estés haciendo, a mis ojos sigues siendo digno de recibir amor. Te respeto, te acepto y comprendo que hagas lo que haces porque forma parte de tu libertad y eso a mí no me puede afectar y si te da malos resultados, aquí me tienes para acompañarte en lo que yo pueda. Vuelve a intentarlo y repara el daño que hayas podido hacerte a ti mismo y a los demás, yo estoy contigo.

HAZLO DESDE EL CORAZÓN

El río es un abrazo que la Naturaleza te ofrece, un Camino que te Guía, una Fuerza que te arrastra, un Amigo que te acompaña, un Bálsamo que te alivia. El río es Esperanza, es Frescura, Nutrición. Es Belleza, Renovación y llegar al mar, después de un hermoso viaje.

Pero un río sin agua, es solo un surco en la tierra que, al fin y al cabo, te puede servir para llegar al mar.

El río es el abrazo que la naturaleza te ofrece.

David GT

Sin Amor, la Vida es como un río sin agua, solo sirve para llevarte a donde, igualmente, tod@s vamos, pero sin abrazo, sin guía, sin fuerza, sin compañía y sin alivio. Sin belleza, esperanza… solo un penoso recorrido hasta llegar al mar.

Deja que la Fuente llene tu río hasta que se desborde e inunde a los que te rodean.

Vivir

Belleza, gratitud y compasión

Vivir es adentrarnos en la belleza que nos rodea

— Davig GT

Gozamos de una hermosa oportunidad de vivir esta vida y de hacer de ella, una historia digna de ser contada. Tan solo debes, vivirla en plenitud, explorar las vías del Amor.

Vivir es adentrarnos la Belleza que nos rodea, es la Gratitud ante todo, es la Compasión hacia un@ mism@ y hacia l@s demás. Hermosos conceptos que nacen del Amor.

La Belleza es el Amor mismo condensado en formas que nos permiten ensimismarnos y fruto de ese ensimismamiento, alcanzar la conciencia de pertenencia a ese Todo del cual formamos parte.

La Gratitud es la comprensión de que, todo está bien, de que la Vida en su infinita armonía, nos ofrece un universo de posibilidades ante las cuales debemos elegir. Al tiempo, hay escenarios que no permiten elección, se presentan. Pero, en ambos casos, todo responde a una lógica que nace del Amor de la Creación, de las Leyes de la Naturaleza, de la Vida misma, y ante las cuales debemos rendirnos desde la aceptación. Gratitud es aceptar que todo lo que ocurra, lo hayamos elegido o no, ocurre porque estamos vivos.

La Compasión es la capacidad que tenemos, como seres humanos, de relacionarnos desde el Amor, la aceptación y el respeto. Es olvidar el resultado y aceptar al prójimo, y a ti mismo, como somos. La Compasión es una vía directa desde el propio corazón, al corazón del otro. Desde la Compasión, no cabe el odio, no cabe el juicio denigrante, no cabe más que ver con los ojos del Alma, al ser que tienes delante, y dentro de ti, como a un igual, un ser perfecto con sus limitaciones pero también con su potencial. Compasión es ver el Amor a través de los ojos del otro.

Belleza, Gratitud y Compasión emanan del Amor, son manifestaciones del Amor, es el Amor convertido en función y puesto a nuestra disposición.