Divorcio Sano IV: Amor en pareja

No me resisto a terminar esta serie de entradas en las que hablo de rupturas y divorcio sin hablar, a modo de cierre, del amor en pareja.

Me gusta mucho abordar este tema recurriendo a la visión que sobre este punto nos enseña la cultura y religión del Antiguo Egipto. Como sabemos, la manera que los egipcios tenían para escribir era el jeroglífico. Es muy interesante observar que el jeroglífico del amor en pareja es un arado de mano. El mensaje, en este sentido es claro: si quieres cosechar dobla el lomo, trabaja a diario y solo entonces, existirá la posibilidad de que la cosecha llegue. El mensaje es pues: la pareja, su éxito entendido en términos de perduración, de convivencia en amor, es una conquista que se alcanza con dedicación, entrega y trabajo diario.

En este sentido, el cuidado mutuo, la paciencia, el respeto, la tolerancia, la comprensión, la aceptación, proteger la confianza, los espacios y vías de comunicación, el tiempo de calidad, la pasión, la entrega, etc. son fundamentales. Todo ello siempre con la capacidad de mantener la propia identidad, de evolucionar a nivel personal siendo capaz de trasladar esa evolución al ámbito de la pareja entiendo que el paso de los años supondrá que las tres entidades que componen la pareja, tienen que evolucionar y que cada una de ellas puede hacerlo de manera inesperada. Es por ello que se torna en muy importante el respeto al momento de cada cual, <<manteniendo el foco puesto en la propia evolución y crecimiento>>.

Seguro que tienes claro que una pareja es “cosa de tres”: yo, él/ella y la unidad que formamos ambos/ambas y debemos tener el ojo puesto en las tres entidades.

Y es que la relación se construye entre ambos miembros y es el escenario ideal para vivir, evolucionar y crecer. Pero para poder nutrirnos de ella, debemos nutricionarla antes y será fruto de ese ejercicio que tengamos a nuestra disposición unos elementos u otros.

A mí personalmente me parece que la vida en pareja, el éxito de esta, es un hermoso reto vital, que no debe ser entendido como el único modelo de vida, pero que recoge perfectamente ese ideal de vida activa, llena de retos y de oportunidades de crecimiento personal. La soltería no es la única, ni necesariamente la mejor vía para alcanzar una vida plena. Como la pareja no debe de ser la única opción,  en cualquier caso, si crees en la pareja mi recomendación es que trates siempre de protegerla, de alimentarla, de resolver cada fase y situación como un reto desde el amor y nos desde el conflicto y si finalmente llega el momento de tomar la decisión de poner fin a este, que el mismo amor sea el que guíe el proceso, por respeto a lo que fue, a lo que es y a lo que puede volver a ser.

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Divorcio Sano III: Duelo y perdón.

En la entrada de hoy seguimos hablando de cuál es la mejor manera de afrontar una ruptura. Hablemos de duelo y perdón.

Y es que, una vez que la ruptura es un hecho, debemos hacer un duelo sano. En primer lugar, vamos a dar una idea sobre lo que es el duelo. En gran medida, todos sabemos lo que es un duelo, pero yo quiero ofrecer una visión que me ha resultado muy útil tanto a nivel personal como en mi praxis profesional: El duelo supone, por encima de todo, la oportunidad de despedirnos de la persona que éramos en la situación anterior al evento ocurrido.

Indudablemente, supone despedirnos de la persona, trabajo, etc. que desaparece de nuestra vida y la elaboración de todas las emociones concomitantes. Pero el reto es ser capaz de rehacernos, de seguir adelante en una nueva fase asumiendo que es uno el que cambia, esa persona que éramos con esos hábitos, rutinas, recursos, etc. deja de existir y debemos de dar paso a la “nueva personas” resultante de este proceso.

Para ello es de suma importancia, además de las estrategias de afrontamiento, la capacidad de perdonar. Recordemos que perdón no es tanto “hacer como si nada hubiese pasado” o liberar a la otra persona de toma emoción negativa y/o reproche por nuestra parte, como la oportunidad de liberarnos a nosotros mismos de todo dolor, rencor o de las emociones negativas a las que me refería antes. Así es, el primer beneficiario del perdón es uno mismo pues nos posibilita la oportunidad de seguir el camino libre de cargas. Y si algo nos va a exigir un divorcio, es volver a empezar.

En muchas ocasiones vemos que hay un intento por mantener situaciones, hábitos, amistades y todo lo que, en la vida anterior, suponía nuestra zona de confort. La nueva vida nos exigirá una reconstrucción que puede llegar a ser muy drástica. Ello, no quiere decir que haya que renunciar a todo, se trata más de un cambio mental en el lleguemos a comprender que tenemos que volver a construir la vida, habrá personas, posesiones, hábitos que podamos conservar y otras que habrá que dejar atrás. Quiero hacer dos apreciaciones más:

Debemos aceptar lo que permanezca en nuestra vida será diferente. Piensa que todo está construido en torno a una realidad que ya no existe, por lo que lo normal, lo sano, es que todo experimente un cambio, toda vez que las personas involucradas ya no son dos sino una.

Al tiempo, recordemos que tú mismo ya no serás la misma persona, seas capaz o no de elaborar el duelo de una manera sana, tú habrás cambiado. La comunicación, los afectos, etcétera son permeables a esta nueva situación, recuérdalo.

Un duelo sano, va a implicar compromiso y aceptación, siendo estos conceptos clave en las terapias de última generación. No debemos negar el dolor, no debemos ocultar que estamos pasando un mal momento en el que la tristeza, el llanto, la desesperanza, nos pueden llevar a un escenario nada idílico, sobre todo si atendemos a la nueva moda de afrontamiento que desde algunos planteamientos se propone siguiendo un modelo basado en una ineficaz y superficial búsqueda de la felicidad y de la apariencia de un estado de felicidad que supone una superioridad frente a quien se «deja llevar por sus emociones». Recordemos que, en este sentido, una correcta gestión de las emociones o un afrontamiento sano/adaptativo de un evento doloroso, no debe implicar, en primer lugar, una única estrategia, ni tan siquiera la misma persona tendrá las mismas necesidades de afrontamiento en todos los momentos de su vida o frente los distintos sucesos que le puedan ocurrir. Por otro lado, la felicidad es una conquista, no una decisión y si duele, duele. Y si duele hay que elaborar ese dolor, con compasión, con naturalidad y siempre tratando de que pase cuanto antes pues tan negativo es negar el dolor como recrearse en este.

Todo duelo tiene unas fases que conocemos bien y debe tener una duración determinada, marcada por cada cual, pero sin duda, con un final. Recuerda que el duelo es el proceso curativo que nos posibilita elaborar la pérdida para poder «volver al mundo» con los deberes (emocionales) hechos. Ni mucho, ni poco, un duelo sano es la receta.

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Divorcio Sano II: Tomar la decisión.

En esta entrada en la que seguimos hablando de un divorcio sano, vamos a abordar el tema de la Ruptura y divorcio: ¿Cuándo debemos tomar la decisión de romper? Dicho de otra manera, ¿qué tiene que pasar para tener claro que la relación ha llegado a su fin?

Me resulta muy complicado abordar esa parte de la decisión en pocas líneas, lo que sí te puedo decir es que debemos aceptar la posibilidad de que, cualquier relación, está sujeta a la posibilidad de que termine. En primer lugar, debemos tener muy presente el hecho de que, para poder hacer que perdure, es necesario poner grandes dosis entrega y de dedicación. En segundo lugar, cabría preguntarse acerca de la “utilidad” del divorcio en términos de ruptura. Tener la capacidad de discernir cuándo ha llegado el momento de dar el paso, es sin duda un reto. En cuántas ocasiones me han preguntado, ¿debo separarme o seguir luchando?

Como decía, la ruptura es una posibilidad real que debemos contemplar, déjame que introduzca otra idea. Tan poco práctico puede resultar rechazar la posibilidad de una ruptura en tanto que nos condena a quedarnos donde no debemos estar como vivir con la opción de “pegar un portazo” ante cualquier signo de malestar. Asumamos que, en pareja, el compromiso es importante y compromiso significa, entre otras cosas, la voluntad de tratar de construir la relación con el horizonte de que dure toda la vida como opción tan real como lo es una posible ruptura.

En cada caso, para cada persona, habrá unas líneas rojas que serán las que determinen lo que se puede/debe resolver y lo que no. Yo te invito a que hagas el ejercicio de reflexionar sobre esto, incluso que lo escribas. Si me permites que te dé un consejo más, hacer este ejercicio en pareja puede resultar sanísimo. Por un lado, permitirá a cada miembro conocerse, tener las ideas claras y poder construir la relación con los límites claros. Por otro lado, compartir esta información, nos permitirá un nivel de conocimiento y comprensión del otro que nos permitirá, nuevamente construir una relación sana, en tanto que se podrá mantener la distancia respecto a esas líneas roja o se podrá negociar cómo abordar estas situaciones. Y un aspecto fundamental en el contexto en el que estas líneas se enmarcan, nos permitirá abordar una ruptura con madurez, sabiendo en todo momento lo que está ocurriendo y pudiendo tomar una decisión con la serenidad y tranquilidad de que es lo necesario. Si yo sé que para mí o para mi pareja, una infidelidad es imperdonable, ya sé por dónde debo o no debo transitar y en caso de que ocurra, ya tengo claro qué decisión se ha de tomar.

Evidentemente hay mil matices y lo que a priori es imperdonable o “no es para tanto”, en el momento de elaborarlo lleva una carga que realidad que puede hacer que la experiencia sea completamente diferente a lo que habíamos pensado. Pero en cualquier caso, insisto, tendremos un marco sobre el que podremos entender y construir la relación, las necesidades del otro, sus límites y cuándo deberíamos tomar la decisión. Decía que mi recomendación será siempre vivir el divorcio de una manera sana. Qué significa esta afirmación.

En primer lugar, un divorcio sano, solo será posible en la medida en que sea sano para todas las partes implicadas. Es un error pensar que, un acuerdo que me favorezca en exclusiva a mí, me estará beneficiando en todos los aspectos. Antes bien, puede ocurrir que ese favor se vuelva en mi contra en forma de rencor, ira, falta de comunicación positiva, etc. En este sentido, la regla de oro será la generosidad, la capacidad de ceder en los aspectos necesarios que faciliten un acuerdo satisfactorio para todas las partes siempre con la visión puesta en la continua negociación de los acuerdos por cuanto, sobre todo si hay hijos, el acuerdo siempre estará sujeto a las nuevas necesidades que las nuevas circunstancias que se irán dando exijan. Indudablemente, debemos esperar la generosidad en ambas partes.

Retomando la idea de la utilidad del divorcio, es muy importante que entendamos que debe seguir un cauce sano. Es decir, como todo gran cambio (episodio vital) va a suponer una transición profunda entre dos estados, con todas las pérdidas (status, compañía, amistades, hogar, convivencia…) y beneficios (liberación, nueva vida, tiempo…) que ello comporta. La casuística es muy variada y cada separación tendrá un escenario único pero la realidad es que siempre supondrá un cambio.

Si además de enfrentarnos a esta situación en sí misma retadora, dolorosa, exigente, llena de incertidumbre y emociones encontradas, le añadimos el componente del conflicto y una mala gestión de las emociones, el cóctel puede ser absolutamente insoportable.

Siendo esto así, cabe preguntarse, ¿cómo lo hacemos? Claro, como todo lo que tiene que ver con la pareja, es muy importante que este aspecto sea abordado desde la óptica de la participación de ambas partes. Y es que la lealtad, el compromiso, las buenas intenciones, el respeto… no deberían acabar con el amor, con la pareja. ¿Y si fuésemos capaces de vivir la ruptura desde estos valores?

Recuerda esto: el último reto que debe enfrentar toda pareja, es la separación. Bien sea porque esta ocurra en una ruptura, bien por la muerte de uno de los miembros (o de ambos).

En demasiadas ocasiones me encuentro con que el dolor, el rencor, la rabia, la frustración, los celos, la no aceptación, los deseos de venganza, etc. están presentes y son los que guían el proceso. Hasta cierto punto, la presencia de todo lo anterior es normal y forma parte de la ruptura y posterior duelo. Es por ello, que la comunicación desde el inicio, la entrada en juego de mediadores (profesionales o no) y la comprensión de que, incluso si todo ha ido mal, salir de ahí de una manera rápida y limpia, te proporcionará un escenario vital sano, son fundamentales. Te voy a hacer una propuesta que abordaré en tres puntos:

  • Comunicación: si en todo momento la comunicación es fundamental, en este momento, aun más. Las diferentes expectativas, asumir ideas preconcebidas, los malos entendidos, etc. son las peores compañeras de viaje para esta tránsito que estamos haciendo, recordemos juntos. Y es que el divorcio, sigue formando parte de la relación, aun no se ha roto del todo el hilo que une a ambos miembros, un hilo que, si hay hijos, no se romperá nunca.
  • Mediación: cuando hay un nivel de emotividad alto, cuando el dolor aparece, cuando el conflicto se hace inmanejable o incluso antes de que todo esto ocurra y a modo de estrategia recurrir a personas que intermedien será na gran idea, ya sean profesionales o personas de confianza, estar personas pueden ser un canal de comunicación útil cuando esta se complique, nos arrojarán una visión más objetiva y sana y podrán ayudarnos a limar aristas que pueden terminar enquistándose.
  • Borrón y cuenta nueva: al terminar una relación, el escenario ideal es acabar, elaborar la ruptura y el consecuente duelo y rehacer la vida, primero en solitario para después volver a la vida en pareja (no es obligatorio, toma la decisión que consideres oportuna). Para ello, cerrar el libro que has estado escribiendo será una fantástica oportunidad para empezar de nuevo. Indudablemente, no podemos olvidar lo que hemos vivido, ni borrar de nuestra memoria de aprendizajes todo lo que una relación ha supuesto; cuando hablo de borrón y cuenta nueva, te quiero proponer que cierres de manera real la relación. Date la oportunidad de volver a ilusionarte, de recordar con carió y respeto lo vivido, pero de poder mirar hacia adelante con la sinceridad y pulcritud necesarias para afrontar la vida desde la paz interior y la disposición sana (una vez más uso este término) frente a la vida y sus nuevas oportunidades.

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Divorcio Sano I: Crisis.

Inicio una serie de publicaciones sobre el afrontamiento del divorcio aprovechando mi participación en el libro «Todo lo que necesitas saber antes de afrontar un divorcio» de la colección Guía Burros, libro en el que he escrito el prólogo.

Un divorcio, además de ser un “trámite legal” es por encima de todo un proceso vital con grandes repercusiones, multitud de variables intervinientes y retos que afrontar a nivel emocional, de hábitos, sistémico, económico y un largo etcétera en el que no debemos olvidar el tema en el que para mí hay que poner toda la atención y buena intención: los hijos.

Si tuviera que resumir mi propuesta en una idea, sería esta: <<vive tu divorcio, de una manera sana>>.

Antes de ver qué significa esta afirmación, vamos a señalar los tres aspectos de los cuales quiero hablar en estas páginas: la crisis, la ruptura y el duelo; seguiré con los hijos para acabar hablando, a modo de epílogo, del amor.

Crisis: las relaciones interpersonales en general y las de pareja en particular, se van a caracterizar siempre por la sucesión de fases en las que el bienestar, la complicidad y tranquilidad darán paso a la falta de entendimiento, distanciamiento y tensión. Este carácter cíclico hará que la relación vaya pasando por diferentes etapas en las que la resolución de los aspectos presentes den paso a otra fase. Debemos entender que la crisis es una condición concomitante a toda relación por lo que debemos aceptarla y afrontarla con naturalidad, paciencia y generosidad. Un crisis no debe de ser sinónimo de ruptura o de conflicto, solamente supondrá que hay algo que resolver a cualquier nivel. En la medida en que abordemos esa crisis con el compromiso y los recursos personales necesarios (conocimientos y habilidades), podremos elaborar la situación y construir una nueva situación en la que ambas partes, en el caso de la pareja, salgan fortalecidas.

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Indudablemente puede ocurrir que, esa crisis, no pueda ser resuelta, bien porque no hay manera humanamente posible de hacerlo, bien porque no contamos con los recursos para hacerlo. Y es que debemos saber que solo podemos actuar y afrontar las situaciones y retos de nuestra vida con los recursos personales de los que disponemos, por eso medrar, crecer como individuos nos permitirá alcanzar mayores cotas de libertad en tanto que la libertad, supone romper las cadenas que nos aferran a nosotros mismos y a los demás.

Continuando con la idea de la crisis, debemos asumir que toda relación está sujeta a la posibilidad real de que se rompa. Aceptar este aspecto, nos protegerá de vivir la experiencia como algo traumático, como un fracaso y nos liberará de la “obligación” de mantener la relación a cualquier precio, aceptando situaciones, en el mejor de los casos, desfavorables o que nos alejen de la felicidad.

Huelga decir que bajo ningún concepto debemos mantener una relación en la que la dignidad y/o integridad física y/o emocional se vea amenazada o socavada.

CAER EN EL POZO

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La vía del dolor, en tanto que vehículo y/o catalizador del crecimiento personal, de la evolución, toma de consciencia, etc. no es necesaria, así de sencillo.

No, no hay que caer en el fondo para poder “dar el siguiente paso”. No es una exigencia del guion, una condición “sine qua non”.

En muchas ocasiones escucho argumentos que tratan de validar este aspecto. Se podría expresar en la siguiente afirmación:

“Gracias a este suceso, he podido evolucionar y ahora soy mejor”. Como afirmación que me ayuda a cargar con un peso, un dolor, es una estrategia “útil”. Como medio para explicar la evolución es terrible.

Es cierto que, en ocasiones, hay personas que ante situaciones, problemas, enfermedades, etc. en medio del dolor que estas han provocado, han movilizado algo, han experimentado ese “click” o cualquiera que sea la forma que puedas encontrar para describir el proceso. Pero, a este respecto, cabe decir lo que sigue:

  1. Crisis no es sinónimo de evolución. La inmensa mayoría de las personas que se enfrentan a una situación difícil o traumática quedan marcadas de por vida y no remontan. Por no hablar de las tasas de suicido que en este país alcanzan cifras dramáticas, una persona cada dos horas se quita la vida.
  2. Hablamos de causalidad, quizás sin saberlo, cuando de hecho es todo lo contrario: el dolor es una consecuencia. No haber hecho lo que tenemos que hacer; no haber tomado las decisiones necesarias; no haber adquirido las habilidades/conocimientos o todo el arsenal de recursos personales y materiales; etc. nos lleva a un escenario en el que la consecuencia natural, es el dolor, caer en el pozo.
  3. Se puede evolucionar sin haber caído en el pozo. De hecho es el escenario ideal de crecimiento. En contra de la idea que expreso en el punto anterior, podemos plantearnos ese escenario en el que desde nuestra responsabilidad frente a nosotros mismos y la vida y un correcto ejercicio de la Libertad que nos obliga inexorablemente al libre albedrío y por ende a la toma de decisiones, enfoquemos nuestros esfuerzos en atesorar todos los recursos necesarios para afrontar los retos de la vida, detectar nuestras áreas de mejora y trabajarlas, identificar nuestros talentos para potenciarlos y en definitiva, tener una actitud de apertura a la vida, a sus retos, al cambio y a vivir como una experiencia que se fundamenta en la superación.
  4. No debemos olvidad que en muchas de esas historias de éxito y/o superación no solo hubo un “salto cuántico” o no fue el único aspecto relevante. Esas personas ya contaban con los recursos, habilidades/conocimientos que le posibilitaron enfrentar esa situación con éxito.
  5. Del pozo se puede salir, sí. Pero el precio a pagar es altísimo y ¿por qué no poner todos los medios para evitar caer? Asumiendo siempre, lo repito una vez más, que habrá cosas que escapen a nuestro control, incluso las reacciones propias.

Evidentemente, cuando se atraviesa una mala situación, lo mínimo que podemos hacer es extraer algún aprendizaje, tratar de utilizarlo en nuestro favor, etc. Pero asumir que “era necesario” hasta el punto de dar las gracias por el dolor que hemos vivido hay un salto que yo no soy capaz de entender.

Yo doy gracias a la vida por la vida misma, por estar aquí, pero no puedo estar agradecido de las cosas malas que me han ocurrido, ni mucho menos a los posibles actores que han intervenido/provocado un daño en mi vida.

Y eso no quiere decir actuar desde el rencor o quedarme en el dolor, todo lo contrario. Para mí significa seguir adelante asumiendo que si ha ocurrido, en parte, será por mis decisiones, incapacidades, etc. y teniendo presente que no todo lo que ocurre en mi vida es susceptible de control por mi parte. Ni tan siquiera el “cómo me lo tomo” depende de mi decisión o ¿eres del tipo de personas que opina que una persona con depresión, debería tomar la decisión de salir adelante?

¿Cabe pensar, entonces, en el azar o en un destino insalvable?

Habrá escuelas filosóficas, espirituales/religiosas, intelectuales, científicas, etc. que opinarán con todo lujo de detalles y suerte de argumentos, en una dirección y en otra. Ya he comentado en otras entradas de este blog que yo me inclino más a sentirme cómodo con el concepto destinación en el que la libertad es fundamental dentro de un contexto incontrolable y un marco determinista inamovible.

Lo cierto, es que hay alternativas, caer en el pozo no es la única opción y si estás en el mejor momento de tu vida, es el mejor momento también para tomar la decisión de poner todo tu foco en medrar, en ser permeable al cambio y tener una actitud frente a la vida de conquista, desde la responsabilidad personal y el trabajo, de aquello que le dé sentido a tu vida.

Mientras, dejemos a Dios y al Universo con sus cosas que si tienen que “intervenir”, si es que lo hacen, ya lo harán. Pero mientras tanto y como decía Picasso <<que las musas te pillen pintando>>.

CONQUISTA Y LIBERTAD

Hace ya algún tiempo, hablando con mi amiga Gloria, la escuché reflexionar sobre una idea que me pareció poderosísima y sobre la cual se cimienta gran parte de mi trabajo: <<la libertad es una conquista>>.

Si extrapolamos esta idea a la vida en general, vemos que todo lo que conseguimos es una conquista que se alcanza con la acción en función de los recursos que tenemos a nuestra disposición y las propias disposiciones de lo externo a cada cual y sobre las que no siempre podremos intervenir.

Piensa un instante en esta idea: en función de los recursos de toda índole que una persona tenga a su disposición podrá enfrentar de una manera y otra os distintos retos que se le vayan encontrando. En la medida en que vaya transcurriendo la vida, la propia vida y nuestra búsqueda, nos planteará retos que exigirán capacidades y recursos por nuestra parte. Puede ocurrir que los tengamos o puede ocurrir que no.

En la práctica, ¿esto qué quiere decir?

Quiere decir que para llevar una vida adaptativa, de éxito, una vida con sentido, necesitamos desarrollar y adquirir todas las habilidades, conocimientos y recursos que sean necesarios en función de la empresa que queramos alcanzar.

La buena noticia es podemos trabajar para adquirir aquello que no tenemos y que nos impide avanzar, dentro de unos límites que marca nuestra propia naturaleza, nuestros talentos, los propios condicionantes externos (clima, economía, política, etc.),

En este sentido, cabe recordar a Doménico Duaddi cuando proponía cómo dimensiones del ser humano las cuatro que siguen: espiritual, mental, material y física. Efectivamente, en la medida en que una persona cuente, como decía, con los recursos y habilidades/conocimientos necesarias en cada una de esas dimensiones, podrá ir realizando sucesiva conquistas que le posibilitarán alcanzar esa meta que se ha propuesto.

Lo podríamos resumir en la siguiente afirmación:

¿Quieres alcanzar algo? Mira qué necesitas para ello, trabaja para alcanzar los medios, recursos, habilidades y conocimientos necesarios y pasa a la acción.

Lo cierto que es que en acción ya estamos, pero suele ocurrir que esa acción no es consciente ni está dirigida por un plan prediseñado en función de una búsqueda sincera. Y cuando lo está puede ocurrir que ese plan no esté de acuerdo con la naturaleza de cada cual, con aquello que le da sentido a su vida, con sus talentos, con lo más profundo de su esencia. De esta manera el escenario vital, es un escenario de crecimiento inútil, esfuerzo y sacrificio. Se crece sí, pero en qué dirección; el esfuerzo será continuado, pero sin el resultado anhelado y por supuesto, con un nivel de desgaste que supondrá el pago de un elevado coste que puede llegar incluso a suponer un sacrificio doloroso.

Puestos a estar en acción, te invito a pensar, ¿sería más interesante poner todo ese esfuerzo al servicio de los talentos personales y en la dirección adecuada?

Pero claro, podrías responderme, ¿cuál es la dirección adecuada?

De todas las conquistas que una persona puede anhelar, la que a mí más horas de reflexión y trabajo me ocupa es la de la LIBERTAD. Estoy absolutamente convencido de que el verdadero éxito, hacer de la vida una historia digna de ser contada, vivir según tu gran sueño, encontrar el sentido de la vida y vivir según él, solo es posible desde el ejercicio de la Libertad.

Es cierto que nacemos libres, pero vamos perdiendo libertad con el paso de los años, con la inclusión en la sociedad, con la adquisición de miedos, con la cesión que hacemos a la presión de los “otros significativos” de quienes aprendemos y con quienes nos identificamos, pero el precio que pagamos es la libertad… podríamos enumerar muchos factores más que suponen el menoscabo de nuestra Libertad.

Para mí conquistar el ejercicio de esa libertad (reconquistar) supone romper las cadenas que nos aferran a nosotros mismos y a los demás. Romper con nuestros lastres personales (miedos, emociones desajustadas, ignorancia, falta de juicio moral, enfermedad, pensamientos limitantes, falta de recursos materiales, vacío transcendental, etc.) supone liberarnos de todo aquello que nos impide medrar.

Es precisamente desde esta conquista, desde donde podremos mirar a la vida con los ojos de quien solo tiene una intención: vivir según aquello que le da sentido a la vida.

¿Quieres vivir esa vida?

Trabaja para ello, trabaja en aquellas áreas de ti que aun están por desarrollar y, desde esa conquista, sigue alcanzando nuevas conquistas que te abrirán nuevos escenarios de libertad y nuevas conquistas.

Con todo lo que necesitas a tu disposición, podrás vivir según aquello que le da sentido a tu vida porque el tiempo, el dinero, la enfermedad, la ignorancia, el miedo, etc. ya no serán para ti un problema y tu verdadera naturaleza te permitirá obrar en paz y en consonancia con los más altos valores de Amor, Belleza, Ternura y Compasión.

TODO PASA ¿POR ALGO O PARA ALGO?

La vida no tiene intención. No me he reservado nada para el final, empezó de una manera abrupta, lo sé.

La realidad es que hay una gran confusión al respecto de la afirmación “todo pasa por algo”. Efectivamente, todo hecho es consecuencia de un hecho anterior, por lo tanto, sí, todo pasa por algo. Todo suceso fue provocado por un suceso anterior que lo explica y así sucesivamente.

Otra cosa es entender que <<todo pasa para algo>>, es decir que hay una dirección y causalidad hacia el futuro. Los sucesos actuales, evidentemente, explican los futuros.

Debemos entender que la vida no tiene intención, no hay una volición que determine cómo han de ser las cosas según un plan o destino prestablecido.

Asumo que hay diferentes escuelas filosóficas y espirituales y que en algunas de ellas se hace una defensa de ese determinismo según el cual todo está establecido a la manera de un destino inevitable (DESTINO – Antigua Grecia), en otros casos, se asume que hemos venido a esta vida a aprender o a resolver algo que en otras existencias y/o planos no hemos podido hacer.

Me voy a atrever a introducir el término “destinación”. ¿Y si nuestra existencia no se guiase por ese concepto de destino inevitable o un determinismo que nos condena a la rebelión o la mera aceptación, si no que fuese abierto y nos permitiese completar/perfeccionar la ecuación con eso que “ponemos nosotros”?

Es decir, tenemos un camino/misión que solo podremos cumplir en la medida en que nuestras decisiones, expresión de nuestra voluntad, nos guíen hacia ese camino y por ese camino. Dicho de otra manera, en el uso de nuestra libertad nos metemos en ese camino o nos salimos. Pero ambas posibilidades son reales.

Ya sabemos que estas decisiones solo podrán ser tomadas en función de nuestra capacidad, lo que implica la necesidad de medrar para poder alcanzar el nivel necesario que nos permita tomar las adecuadas.

En este debate se recurre, en determinados círculos, a la expresión “todo pasa por algo” como si la VIDA fuera la que “decidiese por nosotr@s” o provocara que las cosas nos ocurriesen.

Yo me inclino a pensar que la vida no tiene intención, en tanto que no es una entidad volitiva.

Lo que la vida sí tiene es inteligencia, llamémosle “orden”, leyes, el nombre es lo de menos. Las cosas ocurren, porque hay leyes universales que sí determinan el marco dentro del cual deben ocurrir las cosas: si sueltas un objeto, por obra de la fuerza de la gravedad, caerá con una aceleración de 9.8m/seg; el ciclo de Krebs se produce en las mitocondrias celulares y genera energía en forma de ATP; la duración de un año es de 365 días, 6 horas, 9 minutos y 9,76 segundos; las personas que sonríen caen mejor, etc.

Pero no hay intención, la Vida solamente “ocurre” y fruto de ese “ocurrir” nos pasan las cosas de las cuales debemos aprender… pero ese transcurrir es fruto de nuestras propias decisiones y de todas las decisiones que se toman a nuestro alrededor y sobre la cuales no podemos influir pero que nos influyen. Sí que es cierto que la vida está sometida a unas leyes, claro y fruto de esas leyes, las cosas son inevitables… las consecuencias pueden parecernos “atraídas” o provocadas por la vida, sin atender a que en realidad, han sido nuestras decisiones, incluso intención lo que ha provocado (en función de esa inteligencia de la Vida y condicionada por las leyes de la naturaleza) que las cosas se den.

Claro que hay una inteligencia superior, una fuerza divina, Dios… (ponle el nombre que te haga sentir cómod@) con poder sobre todas las cosas que ocurren y las que no. Pero debemos recordar siempre que la libertad es la clave de este asunto.

Hay unas leyes que establecen un marco de referencia, un contexto pero dentro de este marco somos libres. Si la Vida no tiene intención y estamos convencidos de que hay cosas que ocurren para que aprendamos y porque alguien/algo superior lo establece, creo que es evidente que debemos subir un peldaño y mirar a hacia Dios directamente.

Quizás usemos la palabra “Vida”, como usamos la palabra “Universo” para referirnos a ese algo transcendente a lo que, en ocasiones, no sabemos cómo nombrar. Pero si entendemos la Vida como este plano de existencia, como la oportunidad de intervenir en el tiempo (cito a Katia Ugolini), la Vida tiene una poderosa y hermosa inteligencia, pero no intención y/o voluntad.

Debemos entender que es nuestra psique la que dirige el proceso por el cual le damos sentido a la realidad, entendida ésta como la percepción/construcción subjetiva que tenemos de las cosas. El mundo, lo externo a nosotros (el “no-yo” en términos de la Psicología Evolutiva) existe tal cual es, pero la construcción que hacemos de él, es totalmente subjetiva por diferentes factores, entre los cuales vamos a citar los que sigue:

  • El foco atencional, ya hablé de esto en otra entrada de este blog, la realidad está construida en base, a lo que atendemos, lo que no atendemos para nuestra mente “no existe”.
  • Nuestra propia experiencia de las cosas que actuará siempre a modo de filtro, tiñendo todo nuestro universo perceptivo.
  • Condicionantes externos como son la visión que la cultura, educación, referentes, etc. nos trasmiten, ya nos predisponen a una percepción determinada del mundo y por ende a su construcción.
  • Herencias familiares que se transmiten de generación en generación.

Por lo tanto, es fruto de esa construcción de la realidad, que interpretamos las cosas que ocurren a nuestro alrededor. Desde un punto de vista ontológico, necesitamos encontrar explicación a los sucesos de la vida, a la vida misma y necesitamos encontrar un marco referencial estable que nos da seguridad. En este contexto, entender que las cosas pasas porque “la vida así lo ha querido”, nos libera, nos descarga y da una explicación. Todo encaja.

Entonces, ¿todo pasa por algo o para algo?

Todo pasa por algo, en tanto que hay una causa anterior o conjunto de causas anteriores que provoca un efecto o efectos.

Pero, ¿todo pasa para algo? Eso ya dependerá del relato filosófico, espiritual, paradigma científico, etc. (uso la expresión que Sebastián Vázquez usa en sus charlas) que cada cual elija.

A mí me gusta pensar que soy libre para tomar mis propias decisiones, en esa libertad condicionada que me permite un margen de decisión condicionada por mis propios talentos, capacidades, mi naturaleza, las leyes del Universo y la Destinación.

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LIBERTAD Y REBELDÍA

Una de las defensas y/o reivindicaciones más legítimas y hermosas que podemos y debemos hacer es la de la LIBERTAD. Debemos recordar siempre que somos libres por naturaleza y que el gran esfuerzo en el crecimiento personal se debería dirigir a alcanzar una conquista llamada libertad.

Ya sabemos que no es tanto una cuestión de decisión como de trabajo, un trabajo que está provocado por una decisión. Pero es el trabajo el que nos acercará a la posibilidad real de esa conquista.

Vivir desde la libertad supone haber roto las cadenas que nos aferran a nosotr@s mism@s y l@s demás. En este escenario somos capaces de vivir en función de nuestro verdadero camino, aquel que le da sentido a la vida.

Ocurre que libertad se confunde con libre albedrío. De la posibilidad de elegir (DECISIÓN/VOLUNTAD) emana el libre albedrío pero ¿elegimos en libertad, desde la libertad?

Solo somos capaces de elegir desde nuestro nivel de evolución. Me gusta explicarlo con el siguiente ejemplo. Imagina que tienes hambre y abres el frigorífico, eres libre para elegir los ingredientes/alimentos que quieras para cocinar/preparar cualquier plato. Pero solamente podrás elegir sobre lo que hay en el frigorífico.

Lo mismo ocurre con el ser humano, solamente podré elegir en función de mi repertorio básico de conductas, conocimientos, habilidades, recursos materiales, salud, desarrollo personal, nivel espiritual y en definitiva en función de “todo lo que soy”. Buda dijo “el dolor es natural, el sufrimiento es una decisión” y es totalmente cierto, tan cierto como que no podré tomar la decisión de “salir de ahí” sin los recursos necesarios para poder hacerlo.

Y de esto trata el crecimiento personal, la evolución, de tener todos los recursos necesarios para poder tomar las decisiones adecuadas.

Por eso para poder romper las cadenas que nos aferran a nosotr@s mism@s y a l@s demás, debemos medrar, llevar nuestro potencial al máximo para poder ejercer desde la verdadera Libertad.

Es interesante, hablando de libertad, reflexionar sobre la rebeldía pues en ocasiones observo que hay una gran influencia de esta en nuestras decisiones, tanto es así que tiende a influir en gran medida en el libre albedrío llegando incluso a confundirse ambos términos.

La rebeldía tiene una función evolutiva, nos permite cuestionar la realidad, las normas, lo establecido y nos permite distinguirnos de la masa, auto reivindicarnos, etc. es una elemento fundamental y muy presente en fases de la vida de las personas (adolescencia), estructuras sociales (revoluciones). Pero como toda función debe tener sus límites. La nutrición es una función básica para la vida, pero puede ocurrir que caigamos en una ingesta funcionalmente inadecuada en cantidad y/o calidad. La rebeldía también tiene que estar ponderada y ceñirse a un equilibrio: “ser justamente rebeldes”.

Libertad no es “yo soy así y a mí nadie me dice lo que tengo que hacer porque soy libre”; libertad no es “pienso como quiero porque no hay verdad absoluta todo el relativo y tod@s libres para creer (saber) lo que queramos”; libertad no es “no me importa lo que piensen los demás porque eso coarta mi libertad” o “déjame que haga lo que yo quiera que soy libre”.

¿Cuánto de libertad y cuánto de rebeldía hay en esas afirmaciones? ¿Cuánta rebeldía “útil” y cuánta “inútil” hay en esas afirmaciones?

Pensar en l@s demás, mirar a los lados, pensar en las consecuencias de nuestros actos en un@ mism@ y en l@s demás, no tiene que significar que mi libertad está coartada.

Aceptar que vivimos en sociedad, que nuestros actos afectan al resto de personas, modular nuestra conducta, nuestras acciones y adecuarlas al bien común sin que eso suponga un menoscabo de nuestra libertad, es el verdadero ejercicio de libertad desde la madurez.

La libertad, el ejercicio de ésta, también está sometida a unas leyes, principio que la observación y el sentido común, nos pueden mostrar. Vivimos en colectivo, somos seres sociales, por lo que necesitamos de esa sociabilidad y colectividad para medrar, sobrevivir, etc.

La verdadera conquista consiste en alcanzar el ejercicio de la libertad dentro de este marco de referencia que se establece por haber nacido como seres humanos.

Y tú, ¿qué haces para alcanzar esa conquista?

SINCERIDAD

Autenticidad – fotografía tomada por Katia Ugolini en Egipto

Desde hace tiempo observo un boom en el crecimiento personal, búsqueda espiritual, búsqueda de la salud, etc. Y cuando leo, escucho, veo muchas de las cosas que se ofrecen en el supermercado de las RRSS y canales digitales, me pregunto ¿dónde está la sinceridad en la búsqueda?

Espiritualidad para trascender a través de un legado, dar para recibir, amar para crear, crecimiento personal para el éxito, habilidades sociales para el liderazgo, comunicación persuasiva y neurociencia para la venta y todo guiado por un principio: la búsqueda de la riqueza.

Hace solo dos días le preguntaba a mi amado y admirado amigo SV, <<¿qué es para ti la búsqueda sincera?>>, <<la que se hace desde el corazón>> me dijo.

¿Acaso el corazón entiende de dinero, de éxito y de reconocimiento, entiende de subterfugios para tu beneficio y entiende de influir sobre l@s demás?

Podríamos incluso “negar la mayor” y preguntarnos por qué ese modelo tan falso y superficial ha tenido tanto éxito llegando a permeabilizar en gran parte de los estratos sociales. Creo en la buena intención de las personas que han “comprado” (palabra elegida con un 100% de intención) este modelo… pero observo una auténtica falta de sinceridad en la búsqueda. Observo una intención egoica por cuanto todo está enfocado a fines materiales egoicos.

Es importante señalar que esos fines no son, en sí mismos malos, pero la perversión reside en el uso de este argumento para justificar su persecución en términos espirituales por ejemplo. He escuchado cosas como “soy compasivo con quien yo quiero”, “estoy solamente donde y con quien me nutre”, “yo soy lo primero, luego estoy y yo y en tercer lugar estoy yo porque soy una persona empoderada”, “aléjate del negativo/de la negativa si quieres crecer”… ¿la compasión puede elegir a quién “se dirige”? ¿no somos capaces de nutrirnos de todas las criaturas? ¿eres compasiv@ pero te acercas solo a personas que pueden “aportarte” y no a las que te necesitan? ¿estar empoderad@ significa ser lo único? ¿dónde está tu grandeza si acercarte a quien tú juzgas (primer error) como negativ@ te supondría un “contagio”?

Para mí la sinceridad supone rendirte a lo que es, a la evidencia de la Vida, a la Grandeza de lo que empana del corazón sin que importe el resultado o lo que ese acto nos pueda devolver. Cerrar los ojos y sentirte un@ con la vida sin juicio, sin pretensión, sin aspiración, con anhelo, con el foco puesto en la Verdad y en su camino y en la aceptación de que esa Verdad siendo para la mayoría inaccesible, ES.

Sinceridad es sentirte inmenso porque formas parte de un Todo… ¿aun te sientes pequeñ@ ante la inmensidad de la Vida o del Universo? Pregúntate con sinceridad cómo te estás acercando a la vida, solo la mente menor se sentiría abrumada ante la presencia de Dios. Un corazón sincero con una mente entrenada aquietada y al servicio de la Vida, se reconoce como parte de este Todo.

Sinceridad es no necesitar saber pero saber y reconocer al que sabe no al que conoce.

Sinceridad es recordad lo que no se puede poner en palabras.

Sinceridad es amar sin poder, querer, necesitar y deber elegir.

Sinceridad es escuchar con el corazón, ver con los ojos del corazón, vivir desde el corazón.

Sinceridad es no juzgar, es dar sin esperar nada a cambio y seguir dando a pesar de la pobreza o de la riqueza.

Sinceridad es seguir a pesar del resultado.

Sinceridad es poder ser auténtic@ sin necesitar ser popular y poder ser popular porque ES.

Sinceridad es aceptar quién eres y permitirte seguir ese camino te lleve a donde te lleve.

Sinceridad es explorar tus talentos, tu naturaleza y vivir según ella, sin juzgar si te gusta o es “lo que se lleva”.

Sinceridad es saber que el Universo entero te pertenece pero no necesitar tocar nada, solo ser con Él.

Sinceridad es inclinar la cabeza sin que se caiga la corona.

Sinceridad es que no me importe que este artículo tenga muchas lecturas y guste porque yo ya hago lo que tengo que hacer y el resultado no me pertenece.

Sinceridad, sinceridad, sinceridad.

Si te soy sincero, aun no sé si yo lo soy del todo, pero sí sé que mi búsqueda es sincera.