¡No pienses en un elefante rosa!

Tarde, ya lo has hecho, ¿verdad?

Este ejemplo se usa para demostrar el carácter reactivo de la mente. Ante un determinado estímulo, una orden en este caso, la mente, dado este carácter reactivo, procesa la información aunque, dada la naturaleza de la orden, la contradecimos.

Este ejemplo se ha usado (mal usado) para tratar de sostener una afirmación falsa y es que la mente no entiende la palabra no por lo que debemos darnos instrucciones siempre en positivo.

Lo voy a rebatir con otro ejemplo:

Imagina que vas por la calle, se acerca un amigo con un perro de grandes dimensiones (también en sus dientes). Si eres como yo, sentirás un gran deseo de acariciarlo, pero antes preguntas:

“¿puedo tocarlo?”

supongamos que el dueño te dice: “te recomiendo que NO lo toques”.

Creo que tod@s (todas nuestras mentes) entenderíamos ese NO y no lo tocaríamos aunque según la afirmación de que la mente no entiende el NO, en realidad habríamos entendido “te recomiendo que lo toques”.

Entonces, en qué quedamos, ¿por qué en el primer caso, el “no” parece invisible y en el segundo es muy visible?

La respuesta está en el funcionamiento del cerebro. Sabemos que el cerebro es un órgano que, aunque presenta, como una de sus grandes características una  gran plasticidad, se organiza con gran especialización. Hay zonas para la memoria, áreas para el procesamiento de la información sensorial, juicio crítico, etc.

Con el lenguaje también ocurre, hay áreas se encargan del procesamiento visoespacial (lectoescritura), áreas que contienen la información conceptual y los significados se almacenan en otros. Por lo tanto, vemos que todas estas áreas intervienen de manera coordinada, aportando cada una de ellas algo en el proceso. Por último debemos entender la función “moduladora” del lóbulo frontal que es el que razona, inhibe las conductas primitivas, etc.

Antes de continuar os hablo de algo que a tod@s, en alguna ocasión, nos ha pasado: “tenerlo en la punta de la lengua”. Es muy frecuente que reconozcamos a una persona pero no recordemos su nombre o este fenómeno de “lo tengo en la punta de la lengua” en el cual sabemos algo pero no sabemos cómo explicarlo o cómo nombrarlo (anomia). Ocurre porque el área encargada del concepto “hace bien su trabajo” y activa el significado, pero el área que almacena los “nombres de las cosas”, no lo hace.

Qué ocurre cuando escuchamos la frase “no pienses en un elefante rosa”, el área encargada del procesamiento de las palabras “rescata” el significado de cada una de ellas y por eso tenemos la percepción de que hemos desoído la palabra NO. Pero si lo analizamos bien, no estamos desoyendo la orden, en realidad no nos hemos puesto a reflexionar sobre la existencia de los elefantes rosas, sobre sus hábitos alimentarios… solo ha intervenido un área del procesamiento del cerebro, la que almacena los conceptos y los activa para poder procesar el estímulo que ha recibido. Es decir, dado que el cerebro no puede dejar de procesar la información que recibe, me refiero a las áreas que intervienen en este procesamiento, procesa (reacciona) conceptualmente las palabras. Pero el lóbulo frontal, en realidad, sí está haciendo caso y no “se moviliza” quedando sin respuesta la instrucción, insisto, solo hay activación conceptual.

En el segundo caso, el del perro, sí que hay una movilización, en este caso inhibidora de la conducta (acariciar al perro).

Podéis investigar sobreTeoría de los procesos irónicos (Wegner, 1994)que ofrece también una explicación a este proceso.

Otra cosa es que usar un lenguaje positivo, tanto con un@ mism@ como con l@s demás, sea una buena y recomendable estrategia de comunicación.

2 comentarios en «¡No pienses en un elefante rosa!»

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